Lo que pasó el pasado 18 de enero en Adamuz (Córdoba) no solo se llevó la vida de 43 personas y dejó decenas de heridos graves. También ha roto en mil pedazos la frágil estabilidad emocional que Lucía Sánchez llevaba meses intentando reconstruir.
La gaditana, ganadora de Gran Hermano DÚO y una de las caras más reconocibles de la última edición de La Isla de las Tentaciones, ya arrastraba desde el verano un miedo irracional pero muy real a los trenes. Cada viaje Madrid-Cádiz o Cádiz-Madrid se había convertido en una tortura: ataques de ansiedad, llanto descontrolado, taquicardias y la sensación constante de que algo terrible iba a ocurrir. “Si el tren se para en mitad de la vía me da un infarto”, repetía una y otra vez en sus stories.
Con terapia semanal, técnicas de respiración y mucho apoyo de su entorno, Lucía había conseguido subir al AVE las últimas semanas “con el corazón en un puño pero sin cancelar”. Era su pequeña victoria personal.
Y entonces llegó Adamuz.
El accidente múltiple entre un Alvia y un Iryo, uno de los peores de la historia reciente de Renfe, le pilló justo cuando tenía billete para el tren de las 16:20 del domingo. El convoy fue suprimido, como casi todos los de la línea ese día. Pero el daño ya estaba hecho.
“Me han vuelto los ataques de pánico como al principio, pero peor. Estoy en shock total. No quiero salir de casa, no quiero ni oír hablar de trenes”, confesaba entre lágrimas en sus redes hace apenas 48 horas. “Esta semana no voy a Madrid ni loca. Necesito volver a terapia urgente porque siento que he retrocedido un año entero”.
Y no es drama de reality. Quienes la conocen de cerca aseguran que Lucía ha cancelado todos sus compromisos laborales de esta semana en la capital (platós, eventos de marcas, reuniones con agencias) y se ha encerrado en su casa de Cádiz con su familia. Incluso ha desactivado temporalmente los comentarios en Instagram porque los mensajes de “ánimo” le estaban generando más ansiedad todavía.
Porque esto va más allá del miedo lógico que todos sentimos tras una tragedia así. Lucía padece un trastorno de ansiedad diagnosticado que el accidente ha reactivado de la peor forma posible. El “te lo dije” interno que lleva meses intentando silenciar ahora grita más fuerte que nunca.
En un audio que mandó a sus amigas más cercanas (y que ha terminado filtrándose), se la escucha decir con la voz rota: “Yo lo sabía. Lo sabía y ahora ha pasado de verdad. ¿Cómo vuelvo a subirme a un tren después de esto? ¿Cómo?”
La pregunta queda en el aire y, por ahora, no tiene respuesta.
Lo único seguro es que el accidente de Adamuz no solo segó vidas y destrozó familias. También ha dejado secuelas invisibles en personas como Lucía Sánchez, que luchaban por superar sus propios fantasmas y que ahora han visto cómo esos fantasmas se hacían reales.
Ojalá encuentre pronto la ayuda que necesita. Porque nadie debería tener que vivir con tanto miedo.
Ánimo, Lucía. Desde aquí, todo el cariño del mundo. ❤️
