Anoche GH Dúo se convirtió en un campo de batalla en directo y, sinceramente, creo que muchos nos quedamos con la boca abierta. Lo que empezó como un debate más o menos tenso sobre la expulsión de Manuel González terminó en una escena que nadie esperaba: el padre de Manuel perdiendo los papeles por completo y lanzándose (literalmente) hacia Lucía Sánchez en pleno plató.
Sí, habéis leído bien. Tuvieron que sujetarlo entre varios colaboradores (y el propio Jorge Javier metiendo el cuerpo) para que no llegara a más. Gritos, acusaciones cruzadas, frases como “¡pedazo de sinvergüenza!” volando por los aires y un ambiente tan cargado que parecía que el plató se iba a venir abajo.
Todo saltó cuando Lucía, fiel a su estilo directo y sin pelos en la lengua, soltó unas verdades sobre la familia de su ex que claramente tocaron fibra sensible. El padre de Manuel no se quedó callado: se levantó, se encaró y en cuestión de segundos la cosa escaló a un nivel que rayaba lo físico. “¡Eso es mentira! ¡Eso es mentira!”, gritaba mientras intentaba acercarse. Menos mal que hubo manos rápidas que lo frenaron, porque la imagen era para no creer.
Esto no es solo un “mal momento” en un programa. Es el enésimo capítulo de una historia que viene arrastrándose desde La isla de las tentaciones: reproches, heridas abiertas, rencores que no cicatrizan y ahora, encima, un familiar directo metido en el barro televisivo. Lucía, que ya ganó su edición de Dúo y que siempre ha defendido su postura sin titubear, se plantó firme: “A mí me respetas”. Y razón no le falta.
Pero, ¿hasta dónde llega esto? ¿Es normal que un reality derive en un intento (o casi intento) de agresión en directo? ¿O es que estos formatos ya han cruzado tantas líneas que ya nada nos escandaliza? El padre de Manuel, visiblemente fuera de sí, dio una imagen lamentable. Y Manuel, que acababa de ser expulsado, se fue sin dar explicaciones, dejando el foco aún más puesto en su entorno.
Yo lo tengo claro: ayer vimos el peor lado de la televisión de telerrealidad. Entretenimiento sí, pero hay límites que no se deberían traspasar. Y anoche se traspasaron varios.
